Terapia Activa de Frester 2
Los ejercicios de los niveles básicos abarcan las áreas funcionales anteriores (Kohler, 1968)
Los ejercicios de los niveles básicos abarcan las áreas funcionales anteriores (Kohler, 1968)
El presente Post constituye un capítulo del libro: Aporte a la Psicología Deportiva de P. Kunath.
Por su importancia y actualidad lo reproducimos aqui.
TERAPIA ACTIVA EN EL DEPORTE (R. Frester)
1. Procesos emocionales y rendimiento deportivo
La importancia de los factores personales de rendimiento ha aumentado en el campo del deporte, debido al constante incremento de la densidad de rendimiento en la punta y en la amplitud del rendimiento. Debido a ello, el problema de la estabilización y el aumento de la capacidad de carga física y psíquica de los deportistas ocupan cada vez más el centro de la investigación científica del deporte. En el presente apartado expondremos algunas posibilidades que resultan para la estabilización psíquica del deportista, a partir de la aplicación de la terapia activa (TA) como modificación del entrenamiento autógeno (EA). Para poder comprender nuestra intención, partiremos de algunas reflexiones de la práctica deportiva. En el rendimiento en competición se activan de forma compleja cualidades y aptitudes físicas y psíquicas, por lo que a menudo resulta difícil adscribir a uno u otro lado un efecto dominante para el comportamiento estable o inestable del rendimiento. En la dispersión del comportamiento de rendimiento corresponde una importancia especial a los procesos emocionales, dado que son difíciles de regular de forma volitiva inmediata. Según nuestras experiencias, obtenidas en las más diversas modalidades deportivas, los deportistas viven y elaboran de forma emocionalmente muy diversa los estímulos procedentes del medio interno y externo. Así, a menudo unas condiciones externas iguales -como unas instalaciones deportivas desconocidas, condiciones atmosféricas desacostumbradas, etcétera- pueden actuar en un deportista como estimulantes del rendimiento, mientras que en otro deportista actuarán como inhibidoras del rendimiento.
La diversidad y complicación del efecto de los procesos emocionales sobre el rendimiento deportivo queda subrayada por algunos resultados del test de síntomas de carga (cf. el aporte de FRESTER, «El test de síntomas de carga: Un procedimiento para el análisis de la elaboración de las condiciones de carga psíquica en los deportistas»). Así, por ejemplo, un 70 % de todas las condiciones vividas como carga psíquica, no guardan la menor relación con el acontecer inmediato de la competición, ni con las condiciones objetivas actuales de la misma. Desde el punto de vista emocional, y en lo referente al rendimiento en competición, a menudo se viven con gran intensidad de interferencia las siguientes condiciones:
-Anteriores rendimientos deficientes en entrenamientos y competiciones.
Los rendimientos vividos como fracaso son transferidos emocionalmente, influyendo así en la actitud y la capacidad de rendimiento de los deportistas en los rendimientos siguientes.
-Perturbaciones del sueño antes de la competición, debidas a una fuerte anticipación mental de un desfavorable desenlace de esta competición.
-Miedo ante determinados contrarios.
-Miedo al fracaso.
-Perturbaciones previas en la esfera social.
-Sensaciones de debilidad física, etcétera.
La diversidad de vivencias (estímulo o inhibición) de las condiciones del ambiente interno y externo tiene una correlación somática y a menudo se refleja en cambios vegetativos. El esquema de funcionamiento (Fig. 1) muestra esquemáticamente las relaciones entre los procesos emocionales y las regulaciones vegetativas. Las transformaciones vegetativas se producen cuando se da una dominación de impulsos estimuladores. Ello tiene por consecuencia una estrangulación del sistema de vasos, una deficiente irrigación sanguínea, disminución del rendimiento y perturbaciones en la concentración.
Creemos que una de las tareas esenciales de la investigación en el campo de la psicología del deporte consiste en capacitar a los deportistas para que, con ayuda de procedimientos autos sugestivos, ellos mismos puedan regular, activamente los procesos psicosomáticos -ante todo emocionales-, de tal forma que puedan fomentarse una disposición óptima al rendimiento y una alta capacidad de funcionamiento. La necesidad de la regulación y dirección de los procesos psíquicos por parte del propio deportista, de acuerdo con las exigencias del entrenamiento y de las competiciones, ya se considera a menudo como una de las necesidades primordiales en la preparación psíquica de los deportistas con vistas a las competiciones. Y en tales casos se considera que uno de los métodos más importantes para la autorregulación es el entrenamiento autógeno o modificaciones del EA. En la bibliografía especializada se multiplican últimamente las publicaciones sobre la aplicación del EA y de otros procedimientos autos sugestivos en el campo del deporte. A pesar de ello, todavía abundan en muchos lugares s entrenadores, encargados de prácticas y deportistas que aún intentan unas ideas místicas acerca de los rendimientos de tales procedimientos en el deporte.
Ideas fundamentales sobre el desarrollo del entrenamiento autógeno (EA) clásico y de su aplicación al deporte
El EA fue desarrollado aproximadamente hace cuarenta y cinco años por J. H. Schultz para su aplicación a la clínica psiquiátrica
El principio del método está en que, gracias a determinados ejercicios fisiológicos racionales, puede obtenerse una conmutación general de la personalidad que, en forma análoga a las más antiguas comprobaciones hipnóticas, permite todos los rendimientos propios a los auténticos estados sugestivos. Entendemos por conmutación sugestiva auténtica la influencia ejercida sobre los procesos somáticos, sobre el curso de los pensamientos, sentidos y voluntad del ser humano; esto es, una provocación intencional de determinados pensamientos, sensaciones, estados físicos y formas de comportamiento. Si las conmutaciones psicosomáticas las realiza un individuo en su propia persona, hablamos de autosugestión. Y una de las formas de la autosugestión la tenemos en el EA. Cuando una persona intenta crear efectos de sugestión en otro individuo, hablamos de sugestión ajena, una de cuyas formas es la hipnosis. La aplicación de la hipnosis al deporte tiene la consideración de doping, por lo que está prohibida.
La técnica del EA tiene por finalidad capacitar a una persona para que realice por sí misma unas conmutaciones físicas y psíquicas específicas. Este proceso se logra con la formación de reflejos condicionados. La palabra actúa como estímulo, partiendo de la corteza cerebral, a través de capas más profundas del cerebro, hasta llegar a los órganos destinatarios, como por ejemplo el corazón, los pulmones, los músculos, los vasos de sangre. Gracias a ello se puede llegar a controlar la circulación sanguínea de todo el organismo, muy reducida en situaciones de máximo esfuerzo físico o de excitabilidad emocional. La subsiguiente irrigación deficiente desemboca en una disminución del rendimiento, que sólo puede ser superada por un notable esfuerzo de voluntad. Los efectos de conmutación se alcanzan gracias a ejercicios sistemáticos y la representación de imágenes de peso y calor. Fisiológicamente deberá comprenderse la sensación de peso con un profundo relajamiento muscular, y la vivencia de calor como un cambio de vasos sanguíneos. Mediante combinaciones reflejas condicionadas de representación verbal y reacción física nace el efecto de la imaginación, que ha sido objetivamente probado últimamente mediante ensayos de EEG (Jus, Geismann), exámenes de temperatura cutánea y de metabolismo (Marwan Bali, Harano, Ogawa, etcétera).
Teniendo los elementos anteriores, el psicólogo debe evaluar, también cuál es el criterio del entrenador. Este puede facilitar su apreciación acerca de sí el deportista ejecutó su actividad en la competencia o en el entrenamiento de la forma que él esperaba. Sí se cumplieron los pronósticos en cuanto al grado de rendimiento, lo que no incluye necesariamente la victoria.
Por último, más allá de la elección de la intervención y de sus posibles efectos positivos, el psicólogo, aun, debe considerar la existencia de errores en la forma de enfocar la aplicación de las intervenciones, los cuales se describen de la forma siguiente:
En el plano de lo teórico y metodológico encontramos en el estudio de las intervenciones psicológicas la misma fragmentación que existe en áreas como el estudio de la personalidad.
Uno de los problemas que presenta la aplicación de las intervenciones psicológicas consiste en la unilateralidad y la división existente entre las teorías que sirven de base al quehacer en el uso de las mismas en cuanto los niveles de lo psíquico en que se dedican.
En relación con esto, F. González Rey (1997), argumenta que las distintas escuelas en psicoterapia que sirven de base para el desarrollo de las intervenciones se orientan en niveles diferentes, con lo cual son capaces de resolver satisfactoriamente sólo aquellos problemas que se inscriben en el nivel que resulta objeto de su atención.
De esta manera, F. González Rey (1997), puntualiza que el análisis conductual interviene en aquellos procesos que se dan en el nivel del comportamiento, la intervención sobre este nivel básicamente ocurre por medio del mecanismo del condicionamiento, como si el comportamiento se agotara en los condicionamientos. Sobre todo mediante la reconceptualización de las categorías sobre las cuales el sujeto opera, el humanismo se orienta a la reconstrucción de la intencionalidad y la volición del sujeto, a la recuperación de su capacidad de autodeterminación, fundamentalmente trabajando en el nivel consciente de la personalidad y el psicoanálisis se orienta a trabajar la esfera inconsciente, mediante acciones terapéuticas profundas, por mencionar los enfoque más relevantes.
Cada una de estas posiciones de un planteamiento teórico muestra como absoluta su comprensión de la personalidad y el nivel de funcionamiento psicológico al que se orienta en su intervención, con lo cual deforma tanto su comprensión de la personalidad como las posibilidades de efectividad de las acciones que utilizan.
El funcionamiento psicológico del individuo como personalidad, se integra sistemáticamente en los distintos niveles de regulación psíquica, expresándose en cada uno de ellos particularidades generales del sistema de la personalidad.
Tomar como absoluto uno de estos niveles, ignorando los otros, significa simplificar la naturaleza real de la personalidad.
Todo ello, nos lleva a enfatizar la necesidad de integración de las intervenciones psicológicas diferentes por su concepción, en un enfoque único e integral del proceso de preparación mental de deportista.
Por tal motivo, F. González Rey (1997) alega que las intervenciones que se desarrollan en marcos conceptuales diferentes deben ir orientadas de forma individualizada a la personalidad como sistema, no agotándose en ninguna manifestación parcial de esta, por lo cual resultan válidas, siempre que estén orientadas por una concepción general de la personalidad.
Los psicólogos del deporte debemos considerar que cualquier intervención va dirigida a un sujeto vivo, que participa activamente de la interacción donde se produce.
Operar las intervenciones como una tecnología centrada en los procedimientos y dirigida a formas parciales del comportamiento, representa una inadecuación en la representación, tanto en la personalidad a quien se dirige dicha intervención, como del proceso mismo de preparación psicológica.
En la proyección de la intervención debemos integrar nuestro conocimiento sobre la personalidad del deportista en un diagnóstico diferenciado del mismo, incorporando a este diagnóstico todos los elementos del estado actual del deportista, como pueden ser, su representación sobre lo que le ocurre, su disposición a mejorar su estado anímico, los conflictos más agudos que experimente, sus limitaciones y deficiencias.
De este diagnóstico surge una estrategia de intervención dirigida no sólo a sus limitaciones e insuficiencias sino al deportista como portador activo de un estado inadecuado.
Estas estrategias integran acciones concretas en los distintos niveles de la regulación psicológica, las cuales se interrelacionan estrechamente entre sí, por medio de las necesidades que van apareciendo en el deportista a lo largo del proceso de preparación deportiva. Por ejemplo, si aplicáramos una intervención que proviene de la terapia conductual; es necesario que la intervención sobre el comportamiento no se limite por la extinción o reforzamiento de un comportamiento concreto, tomado como unidad aislada y parcial de la expresión individual, sino que tiene, también, un sentido integral para el deportista, expresado en las vivencias, reflexiones y puntos de vista que este cambio implica, los que constituyen los verdaderos resortes psicológicos de una transformación de la personalidad, cuyo elemento desencadenador puede lograrse en la intervención al nivel de comportamiento.
De este modo, intervenir en el plano del comportamiento no es más que una acción complementaria en el marco de un sistema de acciones del proceso de preparación mental, cuyo centro es el deportista en su verdadera unidad y diversidad, por tanto, el alcance de las acciones del psicólogo tendrá que ser evaluado en el sentido de estas para el deportista.
Al colocar la personalidad del deportista en el centro del trabajo del psicólogo, éste debe informar al deportista y entrenador del procedimiento de intervención, de los posibles beneficios y perjuicios, de los cuidados y controles necesarios para cada método.
Seguidamente, se expone una de las partes del cuestionario desarrollado por T. Orlick (1986) para registrar la forma en que contribuyeron las intervenciones psicológicas en los deportistas.Cuestionario de evaluación del final del año de, T. Orlick. (1986, 1990)El propósito de esta evaluación es determinar en qué medida tú sientes que el programa de entrenamiento mental influyó en ti.Por favor, usa la escala abajo relacionada en la cual: ‑5: indica "muy obstaculizado" 0: indica "no-efecto" 5: indica "ayuda mucho"Para expresar cómo sientes o consideras que cada uno de los componentes del Programa relacionados a continuación influyó en ti en relación con tu forma de buscar o perseguir tus metas individuales este año.
El autor de este post encuestó a siete psicólogos del deporte cubanos sobre cuáles eran las intervenciones que, a juicio de ellos, eran preferibles para la preparación mental de los deportistas. Las respuestas que se hallaron fueron: Persuasión Establecimiento de Metas y Relajación Técnicas respiratorias. En ambas encuesta se observa que hay diferencias en el orden de jerarquía que se le adjudica a cada intervención, siendo desigual en los autores entrevistados. Como tendencia estas diferencias pueden llevar a pensar que se producen tanto efectos positivos como negativos con una técnica u otra, de este modo, cabe opinar, también, que otros factores más allá de las técnicas parecen incidir en el impacto que se ejerce sobre el deportista. Si la propensión a usar una técnica es investigada se encuentran, igualmente, resultados polémicos. Por ejemplo, J. M. Buceta (1999) afirma, de acuerdo con sus experiencias, que un método totalmente eficaz de intervención es el refuerzo positivo. Sin embargo, una revisión realizada por H. Valdés Casal, (1996) sobre las investigaciones dedicadas al estudio de la retroalimentación positiva, arrojó resultados diferentes a los expuestos por J. M. Buceta. En los trabajos de T. Horn (1987), se encontraron conclusiones que expresan: "Más que la cantidad de retroalimentación positiva y negativa, lo significativo es que sea contingente a la obtención de una meta apropiada al nivel de ejecución logrado y a las atribuciones del deportista en relación con el control personal de su realización". T. Horn (1985) mostró cómo aquellos que fueron o no reforzados verbalmente con frecuencia por el entrenador puntearon más bajo en la auto evaluación de la propia maestría que aquellos que fueron frecuentemente criticados. En realidad el criticismo fue contingente con la buena ejecución real y no así el refuerzo positivo. H. Valdes, (1996) arguye que T. Horn y C. Hasbrook (1987) en un estudio con deportistas de 10 a 14 años hallaron que los niños que se perciben competentes y tienen un sentido de control interno identifican el incremento de sus habilidades y la comparación con sus compañeros como las fuentes preferidas de información. Los que puntean bajos en dichas características utilizan más la evaluación de sus padres y maestros. De esta forma, se puede analizar que no existen conclusiones absolutas sobre el refuerzo positivo, de igual forma, ocurre en la literatura científica con otras técnicas de intervención. Como se puede analizar existe una gran complejidad en los mecanismos psicológicos que se ponen en juego fruto de la aplicación de una técnica, a veces, el sentido común nos lleva a formar una opinión respecto al tema y la investigación rigurosa nos muestra que resulta más complicado el fenómeno en análisis. En esta misma dirección, meta estudios realizados sobre las técnicas de intervención psicológica por: M. L. Smith, G. V. Glass, y T. I. Miller, (1980), J. T. Landman, y R. M. Dawes, (1982), M. J. Lambert, (1983), T. B. Karasu, (1986), E. A. Gómez. (1991), F. González Rey (1997), exponen que el éxito no depende de las intervenciones, sino de la comunicación establecida, las características de las personas involucradas en la intervención, en este caso el deportista y el psicólogo, así como, la pericia del psicólogo para efectuar su labor. De modo que es necesario significar la importancia que tiene la personalidad del psicólogo y las características del deportista. Si la relación deportista-psicólogo se define como una relación interpersonal, es lógico considerar y estudiar en forma sistemática las características personales del psicólogo, tales como: Estas son características que juegan un papel trascendental en los resultados de la intervención psicológica. Durante 14 años, el autor de este trabajo, estuvo de jefe de un departamento de Psicología del Deporte, experiencia en la que se formó la opinión que los psicólogos del deporte que poseen las cualidades, antes señaladas, en forma consistente tienden a obtener mejores resultados que aquellos que no las poseen. La experiencia en este campo tiende a confirmar que psicólogos, con pocos recursos y habilidades personales, tienen más dificultades que los psicólogos que no se caracterizan por estas limitaciones. A. Gómez (1991), enfatiza que el psicólogo que no se considera perfecto, pero que demuestra franqueza y estabilidad ante las actitudes y emociones del cliente puede actuar con una mayor libertad en sus relaciones y tener una mayor aceptación, en contraste, el psicólogo que mantiene distancia y no muestra señales emocionales o afectivas hacia la condición del cliente tiende a errar más que a acertar. Con relación a esto, cuando el psicólogo no experimenta sentido de bienestar y ecuanimidad, su trabajo como psicólogo sufre. Si el material que presentan las circunstancias en que se encuentra el deportista o el entrenador despiertan en el psicólogo conflictos emocionales que lo absorben completamente y lo distraen de la tarea de entender y ayudar al deportista y al entrenador, el resultado de la preparación psicológica puede ser deficiente. Por tanto, es importante que el psicólogo esté relativamente libre de conflictos personales para que sea capaz de implementar o cambiar tácticas y estrategias cuando éstas están indicadas. En suma, la salud mental del psicólogo y su poder de persuasión están entre los factores más consistentemente requeridos para hacer el trabajo con eficacia y eficiencia. La empatía, la autenticidad y el calor humano son los primeros factores identificados por los investigadores anteriormente citados. La flexibilidad del psicólogo, su honestidad, su habilidad para calmar la ansiedad básica y su sentido de buen humor son características primordiales. Al respecto, E. H. Erickson (1968), señala que la hipnosis "per se" no hace daño, lo que hace daño es la personalidad del terapeuta. En este sentido, E. H. Erickson (1964) comparte con S. Freud (1953) la creencia que la personalidad del terapeuta es un factor fundamental. Tradicionalmente, desde otro enfoque, los teóricos de la psicología cognitiva, tratan de disminuir el rol de la personalidad del psicólogo. Sin embargo, en la práctica estos mismos autores siempre demuestran lo opuesto, por muestra, R. S. Lazarus, (1966) recurre en su actividad como psicoterapeuta la empatía, el rapport y la identificación con el cliente en forma consistente. Las características del deportista, también, deben ser tomadas en consideración para establecer un pronóstico favorable de su respuesta a los procedimientos de intervención. Una de las tentaciones más peligrosas para el psicólogo y el entrenador está en pensar que todos pueden llegar a modificar sus actitudes y erradicar sus dificultades en el Deporte. En nuestra experiencia, para pronosticar un proceso aceptable en el desempeño de las intervenciones, se requiere al menos, que el deportista presente las cualidades siguientes: •1. Grado de Educación. •2. Responsabilidad personal y social. •3. Capacidad para tomar relaciones interpersonales. En general, los deportistas que brindan su aceptación al trabajo de los psicólogos tienen características más o menos comunes. Entre ellas, grado de educación y capacidad intelectual. Los deportistas que tienen una buena capacidad para la comunicación verbal, para establecer una relación interpersonal íntima, y se singularizan por una orientación psicológica y capacidad para la auto observación. Los deportistas que se identifican por poseer un cierto grado responsabilidad personal, social, y motivación para cambiar, son los que alcanzan mejores resultados en los procedimientos de intervención. Considerando los beneficios y riesgos potenciales que se presentan en todo intento de integración psicólogo-deportista, a nuestro modo de ver, lo más importante son la calidad de la interrelación psicólogo-deportista y la personalidad de los participantes. A pesar de conjugar las particularidades señaladas para el psicólogo y el deportista otros factores deben tenerse en consideración para llevar a cabo las intervenciones psicológicas, entre los que tenemos: Las características del deporte. El estilo de dirección del entrenador. Las condiciones de trabajo para el psicólogo. Las características del deporte establecen ciertas urgencias al tipo de intervención que se realiza, por señalar algún ejemplo, los deportes de arte competitivo con elevadas exigencias a la coordinación motora reclaman más de procesos de concentración de la atención óptimos, programas adecuados de la imagen mental del movimiento, un grado determinado de activación y ansiedad que los deportes de resistencia donde el empleo del potencial energético del deportista y la tolerancia al cansancio y la monotonía lo constituye casi todo. Entonces, en cada caso, existe una variedad de técnicas de intervención para prepara al deportista de acuerdo con los requerimientos específicos del deporte que práctica. El estilo de dirección del entrenador, también, tiene una gran trascendencia ya que la mayoría de las intervenciones psicológicas, entre ellas el entrenamiento mental se desarrolla en las condiciones de ejercitación en el campo deportivo, donde el apoyo del entrenador resulta esencial. El mejor programa de entrenamiento psicológico no servirá para algo si actuamos aislado del entrenador y su grupo de apoyo. Ello es así, como señala G. Pérez Recio, (1992) por razón principalmente de la pérdida de información resultante. El psicólogo debe conocer entre otras cuestiones, cuál es el grado de entrenamiento del deportista. Ninguna intervención psicológica puede suplir los resultados del entrenamiento deportivo. Un deportista mal entrenado o que no logra por medio del mismo el desarrollo de sus capacidades deportivas no encontrará en la Psicología del Deporte una solución a sus insuficiencias y debilidades. De manera que si trabajamos únicamente con el deportista obtendremos una información muy sesgada; si podemos incluir nuestra observación del entrenamiento y la competición la cosa mejorará un poco y si podemos tener intercambios de información regulares con el preparador físico, médico, fisioterapeuta, y especialmente con el entrenador ganaremos mucho en la información relevante de que dispondremos. Esto es válido tanto para la evaluación y diseño del programa, como para los avances y eficacia del entrenamiento. Parte del éxito del psicólogo en sus relaciones con los entrenadores depende de un adecuado encuadre de la tarea y de que el psicólogo brinde las respuestas que le son solicitadas. A pesar de estas medidas hay entrenadores que no permiten llevar a cabo el trabajo de la forma planificada debido a sus propias características de personalidad y tener un desempeño exitoso con sus deportistas resulta de una moderación particular de estos casos. La mayoría de los entrenadores con los que se tiene la posibilidad de realizar intervenciones hasta sus últimas consecuencias se caracterizan por: Haber logrado de forma estable éxitos con sus deportistas. Están acostumbrados a trabajar con profesionales que apoyan la Teoría y Metodología del Entrenamiento, por norma, médicos, fisioterapeutas, nutricionistas, biomecánicos y otros. Tienen respuestas socializadas a su agresividad frente a los fracasos y la frustración. Es necesario conjugar todo lo señalado anteriormente para elegir el tipo de intervención a realizar. Para lo cual, se recomienda en el momento de seleccionar la intervención considerar lo siguiente: A estos factores, le siguen un conjunto de circunstancias que es de primera importancia tenerlas en cuenta, tales como: •1. Actitud del deportista hacia el método. •2. Éxitos alcanzados en ocasión de haberla utilizado. •3. Control de la efectividad. •4. Objetivos que se persiguen. •5. Complemento de un método a otro. Con referencia a la actitud hacia el método es imprescindible conocer las opiniones del deportista. Gran parte de los cambios que se obtengan se relacionan con la disposición del deportista hacia la técnica de intervención. Por norma, están quienes estiman que los métodos de relajación no se avienen a su temperamento y forma de comportarse, entonces el psicólogo puede elegir otras variantes. Existen excelentes sistemas de intervención psicológica que en la práctica muestran un alto valor para diferentes fines en el deporte, sin embargo, las creencias, prejuicios y hasta la cosmovisión del deportista pueden desechar su empleo. Por muestra, algunas de las técnicas para lograr una correcta regulación de las emociones se relacionan con la práctica de la meditación y hay deportistas que con sólo pronunciar esta palabra estiman que se encuentran en un campo donde reina la superchería. El psicólogo siempre debe tener en cuenta las formas espontáneas y empíricas que el deportista utiliza para lograr el control de su mente, y a la vez, debe de respetar las mismas aun cuando no están certificadas dentro de la práctica psicológica. Por ejemplo, todos conocemos de la influencia nefasta del pensamiento negativo antes de una competencia, si bien, hay deportistas que plantean que ellos piensan que todo les resultará mal para lograr que todo les marche bien. Con este enfoque de enfrentamiento al estrés de la competencia estiman que les va bien. El psicólogo debe saber llevar al deportista desde esa actitud errónea de pensar en negativo, a la que demuestran los estudios y experiencias que resulta más conveniente. Otro aspecto de relevancia es conocer los progresos que tiene el deportista como resultado de la intervención sobre el deportista resulta de interés. Ante todo, recordemos que el psicólogo no está involucrado con el éxito en la competencia o la realización personal del deportista dentro del entrenamiento deportivo, sino que esta tratando de garantizar que el deportista pueda encontrarse en un estado óptimo desde el ángulo psicológico y, con ello, sea atraído a hacer uso de todo su potencial o al menos mantener un estándar de rendimiento con una determinada estabilidad y continúe la dirección de desarrollo progresivo dentro de la actividad deportiva que realiza. Por tanto, los resultados deportivos no son un indicador de la eficiencia y eficacia de la aplicación de las intervenciones. La necesidad de valorar que repercusión tuvo sobre el deportista las intervenciones psicológicas es de un significado especial y que no debe ser analizado a la ligera, a tal punto que requiere una exposición amplia que se expone a continuación. Casi siempre los entrenadores y otros especialistas del deporte insisten en tener la información acerca de cuanto influyó el trabajo psicológico en los resultados deportivos y si es posible que se exprese sus consecuencias en términos de por ciento. ¿En qué por ciento influye la preparación mental para el logro de los resultados?. Ya hablamos de que el trabajo del psicólogo no debe vincularse a la posible victoria del deportista. También, están quienes en la victoria deportiva no recuerdan los compromisos o la posible incidencia de la labor psicológica en los beneficios que pudo reportar la buena presencia psíquica de los deportistas. No deja de resultar muy generalizado que cuando el deportista sufre de una derrota se achaque a lo psicológico las causas de ocurrencia. Ante estas circunstancias es provechoso tener ciertos controles para poder determinar en qué la intervención psicológica tuvo un efecto y en qué no. Por ello, es aconsejable que se tenga una tasa inicial de los atributos que nos proponemos formar, desarrollar o modificar por medio de las intervenciones psicológicas. Hay muchas cualidades indeseables que es factible medir o valorar, a veces, hasta por medio de escalas nominales. Pongo de ejemplo, el grado de ansiedad rasgo o ansiedad estado, la cantidad de fallos o errores que se cometen al ejecutar determinadas acciones, o el grado de disposición para llevar a cabo una tarea o el entrenamiento o competencia. Las tasas iniciales deben ser registradas y guardadas. El entrenador puede tener una determinada acción en su ponderación o en el perfeccionamiento y objetividad de los valores que se fijan a cada aspecto. Los valores pueden tener su origen en la aplicación del psicodiagnóstico u otros de los métodos de investigación de la Psicología del Deporte. Entonces, se procede a la intervención psicológica y posterior a la misma se vuelve a realizar el mismo procedimiento de valoración referido al inicio en relación con los atributos o cualidades que formaban parte del motivo de intervención y siendo así, podremos tener un resultado de la eficacia y eficiencia del trabajo psicológico con el deportista. Existe un conjunto de procedimiento de evaluación de los efectos de la intervención psicológica, entre los que se encuentran: Estos últimos, son algunos de los cuestionarios que recogen las vivencias acerca de la modificación de las habilidades del deportista fruto del proceso de intervención.Visualización
•4. Motivación para cambiar.
Consideraciones metodológicas en el empleo de las intervenciones psicológicas en el deportista.
Dr. Francisco García Ucha
En este capítulo se aborda uno de los temas de notable interés para los deportistas y entrenadores, consistente en las intervenciones que realiza el psicólogo con el propósito de resolver los problemas que ocurren en el ajuste de los deportistas a las competencias y los entrenamientos de máxima intensidad o volumen.
Aquí se explican algunos de los problemas metodológicos de la aplicación de las intervenciones psicológicas y, en los capítulos siguientes, se exponen varias de las técnicas y procedimientos más utilizados en el área de la Psicología del Deporte, tratando de esclarecer mediante conocimientos especializados las virtudes, defectos y los posibles escollos en el uso de estas técnicas.
Las intervenciones psicológicas se definen como las acciones que desempeña el psicólogo, entrenador u otro especialista con el propósito que el deportista adquiera y desarrolle habilidades psicológicas para enfrentar el estrés en competencias y entrenamiento y, además, perfeccione sus capacidades en el deporte. Esencialmente, las intervenciones tienen como objetivo:
•1. La mejora sistemática y planificada de las capacidades psíquicas implicadas en los rendimientos.
•2. La reestructuración de las valoraciones y percepciones bajo cuya influencia el deportista no puede mantener un ajuste adecuado entre su potencial y las exigencias de la actividad y las condiciones de su realización.
•3. La estabilización del comportamiento en la competición.
•4. La optimización y activación de los procesos de recuperación psicológica para poder movilizar sus recursos personales en las competencias y entrenamientos.
•5. La preparación para reorganizar sus recursos psicológicos y ampliar el abanico de posibilidades mediante el afrontamiento de situaciones nuevas e imprevistas.
Las intervenciones psicológicas en la práctica deportiva abarcan por lo menos tres métodos que acaparan un número de técnicas. Estos métodos son:
Al referirse a cada uno de ellos, se plantea que:
1) El Entrenamiento Psicológico.
Del entrenamiento psicológico podemos señalar que se trata de actividades mediante las cuales se entrena al deportista para la adquisición y desarrollo de habilidades psicológicas que facilitan un accionar más eficiente y que tiene como fin, sobre todo, mejorar la capacidad de autorregulación.
Existen tipos de entrenamiento que tienen por meta desarrollar, estabilizar y aplicar las habilidades que forman el soporte psicológico de la regulación del movimiento en diferentes situaciones. Otros cumplen el objetivo de preparar al deportista para la solución de diferentes problemas, que requieren pongamos de ejemplo, el entrenamiento en relajación, visualización, asertividad, habilidades sociales, etc.
2) Acompañamiento psicológico o "Coaching"
La intención principal del "Coaching" psicológico es influenciar al deportista como individuo, y a equipos como grupos sociales, de forma tal, que puedan desarrollar sus posibilidades máximas de rendimiento en la competición y entrenamiento.
Dentro de este contexto las metas específicas del rendimiento deportivo deben orientar y darle dirección a la regulación psíquica en la competición.
Las principales tareas del "Coaching" psicológico son particularmente la preparación psicológica en función del adversario, el desarrollo de la auto confianza y de la fuerza de voluntad, así como, la aplicación de técnicas de motivación y orientación táctica, antes, durante y después de la competición. En el caso del "Coaching", el trabajo del psicólogo del deporte está directamente ligado a situaciones concretas del deporte.
3) Orientación psicológica o "Counseling"
La Orientación psicológica tiene como fin ayudar a los técnicos y deportistas a entender y solucionar de la mejor forma posible sus problemas psicológicos y sociales.
Una tarea específica del psicólogo es ayudar emocionalmente a deportistas que pasan por fases de inseguridad, a fin de que pueda encontrar rápidamente la seguridad y auto confianza.
La psicoterapia y la orientación psicológica son dos áreas de trabajo que están muy cercanas entre sí y son tan difícilmente separables que todo lo que pueda decirse de la primera se puede decir igualmente de la segunda. En ambas están presentes situaciones de aprendizaje donde se producen cambios, se reestructuran significados, percepciones o sentimientos, se modifican actitudes, valores, conductas y concepciones del mundo, se aprenden y se refinan destrezas y habilidades. El orientador psicológico es "facilitador de aprendizajes".
El asesoramiento psicológico puede considerarse una disciplina de servicio en la cual un profesional capacitado -el asesor psicológico o psicólogo orientador- utiliza abordajes científicos y procedimientos técnicos para crear un contexto de relaciones y aprendizajes en el cual ofrece asistencia a deportistas, equipos, familias u organizaciones, con el fin de que éstos exploren, identifiquen, desarrollen y utilicen proactivamente sus recursos personales como herramientas para enfrentar retos, crisis y contingencias que derivan de su constante interacción con el ambiente. El objetivo final de esta intervención es el manejo óptimo y creativo de tales situaciones, que a la larga resulte en la detección, prevención y corrección de eventos vinculados al desarrollo emocional, educativo, vocacional y/o social, con el consiguiente incremento del bienestar integral.
Así, el asesoramiento psicológico es una situación de influencia interpersonal y de comunicación, con toda la complejidad inherente a la comunicación humana, y al mismo tiempo es una situación de aprendizaje, especialmente orientada hacia las áreas cognitivas y emocionales.
En esa situación, el asesor es simultáneamente un comunicador profesional y, también, un diseñador de contextos de aprendizaje y cambio, en los cuales sirve, además, como guía, modelo y fuente principal de recompensa.
Las técnicas que se emplean en cada una de estas intervenciones abarcan un abanico muy amplio. Existen diversas formas de clasificación de las mismas. H. Valdés Casal (1996) las clasifica bajo el principio de que procesos desea influenciar, a partir de este principio plantea la modificación sobre:
Al respecto el autor de este trabajo acoge la clasificación basándose en la predominancia de la influencia verbal o no sobre el deportista. De esta manera, tipifica las técnicas en no verbales, toda aquellas como la relajación, la música y otros medios de influencia físico donde el intercambio de opiniones y experiencias no constituye el núcleo predominante de la técnica y las verbales para englobar todas las técnicas que como la terapia racional emotiva de, A. Ellis (1962) predomina el manejo de las ideas y los sentimientos y emociones.
A pesar de la relevancia de las intervenciones psicológicas, frecuentemente, existe un conocimiento de estos métodos, si bien, sus bases teóricas y metodológicas no son, comúnmente, de dominio de los entrenadores y los deportistas.
Se halla una gran cantidad de literatura de corte popular que está al alcance de todos los interesados, aunque, esta información no presenta conocimientos profundamente especializados para tratar en detalles las complicaciones, insuficiencias y posibles contradicciones al aplicar una técnica psicológica.
Determinados entrenadores y deportistas recurren a estos métodos por cuenta propia y obtienen o no los resultados esperados. Cuando ocurre lo último, algunos llegan a defraudarse de forma tal que no quieren volver a desempeñarse en estas acciones.
No obstante, todos están muy interesados en resolver las posibles deficiencias o debilidades de los deportistas y usualmente no advierten que están en un área en que es necesario dejar actuar a los peritos, al menos, en las primeras etapas.
Un proceso de 25 años de investigación permite plantearnos una evidencia buena para aplicar las intervenciones en la preparación psicológica de los deportistas.
Una revisión de la literatura científica emprendida por el autor de este trabajo, demuestra que las intervenciones que sirven para la preparación psicológica son mejores significativamente que el control o variación de las condiciones de ejecución de las actividades deportivas.
Sin embargo, hay pocas investigaciones, en Psicología del Deporte, acerca de las intervenciones psicológicas efectuadas con deportistas de alto rendimiento.
Aparece un gran número de estudios logrados con deportistas universitarios, escolares o que ejercitan como recreación el deporte, lo que nos plantea la necesidad de llevar a cabo investigaciones rigurosas para demostrar el impacto de las intervenciones en deportistas de alto rendimiento.
Las investigaciones psicológicas en el área del deporte élite están limitadas debido entre otras razones a que los estudiosos tienen un control relativamente pequeño sobre los deportistas y quienes los atienden.
El control de los posibles participantes en la investigación, está en manos de los administrativos y entrenadores, quienes pueden variar mucho las condiciones del estudio debido a las decisiones que tomen con los deportistas durante el periodo de preparación deportiva.
Los entrenadores con frecuencia se ven necesitados de cambiar sus planes de entrenamiento, los lugares de preparación y el propio programa de competencia. Todas estas modificaciones pueden afectar profundamente las acciones directas que requiere una investigación.
No obstante, las evidencias empíricas muestran que las intervenciones son efectivas en los deportistas de alto rendimiento.
Todas las intervenciones psicológicas que se refieren al desarrollo de habilidades para el control de los estados emocionales y algunas que se incluyen en los procesos de aprendizaje o perfeccionamiento de las ejecuciones provienen de la Psicología Clínica. Esto proporciona una cierta seguridad para su aplicación, aun cuando los objetivos de las intervenciones en Psicología del Deporte tienen otro propósito, que no es el tratamiento de problemas psicopatológicos sino más bien educativo, a veces, específicamente profiláctico y de psico-higiene. G. Pérez Recio (1992) argumenta que se trata de conseguir que el deportista "aprenda", no de que se "cure" de ciertos "problemas de competición".
De igual forma, existen otras dificultades para determinar el impacto de las intervenciones debido a problemas que se relacionan con el plano teórico y metodológico. Por ejemplo, la proliferación de enfoques basados en la preferencia del psicólogo más que en una elección fundamentada con rigor científico.
Al respecto, R. Seiler, (1992) realizó un estudio sobre la predilección en el uso de las técnicas de intervención psicológica de seis especialistas prestigiosos en el área de la Psicología del Deporte. Encontró tendencias diferentes en el orden de conveniencia dadas por ellos a las intervenciones.
A continuación, en la próxima página en la Tabla 1, se exponen las preferencias encontradas por R. Seiler, (1992) en estos psicólogos.
Por simple inspección, se constata las diferencias en los juicios expresados por los diferentes especialistas.
The Sport Psychologist
Volume 21, Issue 1 (March 2007)
Applied Research
Athlete Burnout: A Longitudinal Qualitative Study
Scott L. Cresswell; Robert C. Eklund
Prevalence of Burnout in Competitive Adolescent Athletes
Henrik Gustafsson; Göran Kenttä; Peter Hassmén; Carolina Lundqvist
College Coaches' Experiences With Stress-"Problem Solvers" Have Problems, Too
Melinda Frey
A Qualitative Study of Rugby Coaches' Opinions About the Display of Moral Character
Philippe Romand; Nathalie Pantaleon
Building and Communicating Collective Efficacy: A Season-Long In-Depth Study of an Elite Sport Team
Lars Tore Ronglan
Professional Practice
The Long and Winding Road: Professional Development in Sport Psychology
David Tod
Reflections on the Application of Reflective Practice for Supervision in Applied Sport Psychology
Zoe Knowles; David Gilbourne; Victoria Tomlinson; Ailsa G. Anderson
Bulletin Board
Bulletin Board
Stephen Mellalieu
S U M A R I O
EDITORIAL ..... 163-165
ARTÍCULOS
L. Navas Martínez, J. A. Soriano Llorca y F. P. Holgado Tello
Orientaciones de metas en las clases de educación física: un análisis centrado en la Educación Secundaria Obligatoria.......167-181
S. Serpa y T. Castro
Psicología de los Juegos Olímpicos: la percepción de los entrenadores...183 -199
M. Regina F. Brandáo, H. Valdés Casal, A. A. Machado y A. Ramires
Percepción del estrés competitivo y cultura en futbolistas profesionales de Brasil y Portugal.....201-217
P. Hellín Gómez, J. A. Moreno Murcia y P. L. Rodríguez García
Relación de la competencia motriz percibida con la práctica fisico-deportiva .....219-231.
C. Delforge y C. Le Scanff
Influencia parental en jugadores de tenis: estudios de caso .....233-248
J. Granda Vera, A. Mingorance Estrada, J. C. Barbero Álvarez, M. T. Reyes Domínguez, D. Hinojo Sánchez y Mohamed Maanan, N.
Diferencias en el desempeño en pruebas de software visual en función del género. Un estudio con jugadores y jugadoras de baloncesto de 13 años .... 249-261
C. Sousa, J. Cruz, M. Torregrosa, D. Vilches y C. Viladrich
Evaluación conductual y programa de asesoramiento personalizado a entrenadores (PAPE) de deportistas jóvenes .......263-278
J. O. Garay Plaza, A. Hernández Mendo y V. Morales Sánchez
Sistema de codificación y análisis de la calidad del dato en el tenis de dobles .....279-294
V. Cagigal de Gregorio y R. Bohórquez
Cagigal- retrato del hombre .....295-306
G. Balagué
Apostilla a Cagigal.- retrato del hombre" .......307-308
PRÁCTICA PROFESIONAL
A. Ramírez, 1. Alonso-Arbiol, F. Falcó y M. López
Programa de intervención psicológica con árbitros de futbol.......311-325
REVISTAS Y LIBROS.............327-335
AGENDA............. 337-338
ÍNDICE DE AUTORES............ 339-341
ÍNDICE DE REVISORES ............343-344
NORMAS DE PUBLICACIÓN .........345-346
Los resúmenes de los trabajos publicados en la Revista de Psicología del Deporte se incluyen en las siguientes bases de datos: SIRC (Sport Informations Resource Centre); PsycINFO (Pychological Abstracts, APA); SPORT DISCUS; EBSCO Host; IBECS; Qualis (CAPES, Brasil); SciELO; HERACLES; PSICODOC; ISOC - Psicología (CINDOC - CSIC); Catálogo LATINDEX, e índice INRECS.