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11 de septiembre

Hay dos, 11 de septiembre. Aquel del año 1973 en que desapareció Salvador Allende y el otro 11 de septiembre 2001 en que se derrumbaron las Torres del Word Trade Center en Nueva York, otro avión impacto el pentágono y otro cae en áreas de Pensilvania.  Son hechos que nunca dejaran de estar presentes en mi memoria como otros tantos atentados fatales como fue la voladura del barco La Cubre y la explosionen pleno vuelo del avión de cubana de aviación en Barbados, donde iban amigos y compañeros.

El 11 de septiembre de 1973 demoraba en una de mis casas en el Vedado, preparándome para el último examen de la carrera de psicología que cursaba en la Escuela de Psicología de la Universidad de la Habana. Lugar donde obtuve mi título de licenciado. Era media mañana y ya estaban las noticias. Allende tenía toda mi admiración, por su postura siempre viril ante las injusticias y en apoyo a mi país, por su excelente oratoria.

Detenido fui por los acontecimientos, se cerraron los libros y las notas de clases y los expedientes de los casos del examen de psicoterapia. Fue doloroso, fue preocupante, fue algo así como cuando se rompen las cosas. Frio y sereno me detuve a contemplar la historia. Luego en 1999 de pie en la puerta principal del Palacio de La Moneda y momentos después dentro del Estadio Nacional rememore a Allende y a los que fueron salvajemente torturados en ese estadio entre ellos, el canta autor Víctor Jara. He regresado muchas veces a Santiago de Chile y sentirme fortificado al ver la estatua de Allende allí próximo a la Moneda.

Comprender el peso de la historia, su desarrollo complejo y a veces contradictorio aunque siempre progresivo es algo que no he abandonado nunca. En esta dialéctica se sabe desde hace milenios que mientras más oscura la noche más próximo está el SOL.

El 11 de septiembre del 2001, era una mañana como otras y sin saberlo el cielo iba a tener otro brillo. Iba en mi auto a ver una amiga. Me encontré su oficina virada al revés. Los ojos enraizados conteniendo las lágrimas. Allí me sacudió la noticia. Al otro día una nota de condolencia envíe a los psicólogos de las listas de sportpsy y Div. 47. Asimismo, una nota especial a una profesora amiga en San Diego. Unos días después tuve el honor de recibir una misiva de ella donde me decía que mis palabras fueron leídas a los estudiantes.

Manos lucidas me enviaron las poesías de García Lorca sobre Nueva York, en una línea vislumbró con sensibilidad clarividente el poeta. Del cielo viene…Niños bajan por una escalera…

Aun hoy hay quienes no comprenden que este mundo maravilloso nos puede brindar todo y que es además para todos.

Ucha

11/09/2014 21:52 ucha #. sin tema

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