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Vivencias

Fue en el año de 1999. Tocaron a mi puerta. El dintel abrí y subió por las escaleras.

Tras el saludo y una sonrisa mía de alegría. Le observe: Te falta el aire. Subiste contraído.

Penosamente llego al asiento solidario y me dice:

Dijo: No subí las escaleras, contraído, Maestro. Estoy muy enfermo. Tengo un cáncer en el estómago y me han dado dos meses de Vida. Y antes de morir he venido desde Lima para despedirme de Ud., que me brindo su mano, sus conocimientos y es mi maestro.

Perplejo y conmovido puse mi mano sobre su hombro.

Ha sido para mí el mayor tributo, el mayor honor que he tenido como formador de psicólogos.

Que alguien a un paso a la eternidad vinera a despedirse de mí. Me honrara de esa forma gastando seis días de su Vida.

Ningún reconocimiento, merecido o no podrá conmocionar mi corazón, ni mi compromiso conmigo mismo de formador, ni mi satisfacción personal por lo que he hecho y hare.

Ya lo dijo José Martí, el hombre es tan capaz que cuando alguien se separa de la fila es echado abajo o a un lado. Y seguidamente, continuaba su pensamiento: Voy en la columna de marcha cayendo y levantándome. Le doy gracias a vida por tener muestras tan intensas como estas.

Ibérico donde quiera que estés, que tu luz ilumine a todos aquellos que trabajamos por la psicología del deporte que tú amaste.

Como dice José Martí Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.

Saludos para mis amigos

Ucha

11/09/2014 11:37 ucha #. sin tema

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