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EL COSTO DE SER EL MEJOR

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Ms.C. Marcelo Roffe

Máster en Psicología del Deporte y la Actividad Física / Autor de siete libros de la especialidad

www.marceloroffe.com / Presidente de Asociación Psicología del Deporte Argentina

Publicado en www.`psciodeporte.com

Lionel Messi es considerado el mejor futbolista del mundo. Y es unánime.

Indiscutible. Llegar a ese lugar siempre es un camino sinuoso, pero Lionel lo logró.

Mantenerse en la cima no es nada fácil: parecería que todo el tiempo hay que poder demostrar que se es el mejor. Incesantemente, sin relajarse ni un minuto. Todas las miradas están posadas sobre él. Y las expectativas altas también. Por eso superarse es aun más difícil que llegar y que mantenerse.

Lionel vive en Barcelona desde hace 11 años. Es su lugar en el mundo. Es lo que es gracias a este club que le transmitió por ejemplo los valores de solidaridad y humildad de la Masía, y donde además, ha ganado todo. Pero ama su país. Ha ganado el mundial sub 20 en 2005 y la medalla dorada sub 23 en 2008. Y hace un año jugó el mundial de mayores por segunda vez, pero como figura esa vez, con la 10 en la espalda y dirigido por su ídolo: Diego Armando Maradona. Antes del mundial declaró: “espero hacer en la Selección lo mismo que en Barcelona. Es la oportunidad perfecta para demostrarle al país que puedo hacer lo mismo. La respuesta la voy a dar en la cancha”. No pudo ser. Ni siquiera pudo convertir un gol.

Lio aun no es profeta en su tierra. Críticas desmedidas, cuestionamientos desubicados, comparaciones odiosas lo  afectaron. Porque así somos los argentinos.

Se instaló en el imaginario social que allí juega mejor que aquí. Y aquí siempre esperamos un Messí-as, un salvador.

Teníamos a Dios que nos habla a nosotros en la publicidad, a la mano de Dios en el banco de suplentes dirigiendo y al mejor dentro de la cancha. ¿Cómo no íbamos a ser campeones? Nos decíamos desde el exitismo. Como si el fútbol fuera una ecuación matemática. Pero el fútbol es equipo. Y salir campeones del mundo implica una multicausalidad de factores.

No es tan fácil.

Ser el mejor y no ser mediático en el deporte rey, es casi imposible. El marketing hace que hable en árabe para una cadena de comidas rápidas, que venda autos en China, o que promocione en nuestro país zapatos, calzoncillos o una bebida de edición limitada.

Cuando se esta tan expuesto mediáticamente, cualquiera opina y se dicen muchas cosas inciertas. Recuerdo cuando recién se insinuaba su perfil de crack, que un médico en Italia cuestionó las hormonas de crecimiento que Lio había tomado. No es fácil estar en el ojo de la tormenta. Muchos quieren que le vaya mal o lastimarlo (o intentar agredirlo como hace días en Rosario). A no pocos les molesta el éxito del otro. Y ser una mega-estrella es estar a merced de que cualquiera diga lo que se le ocurra. Y tolerarlo. Y no engancharse. Por ese motivo desde hace casi dos años, una empresa trabaja para cuidar, proteger y recuperar su imagen. Dañada al punto de que le cuestionen que no sabe el himno nacional o que gritó el gol contra Estudiantes en la final del mundo. Y él necesita que lo traten y lo quieran en Argentina como lo hacen en

Barcelona, según sus declaraciones. Y luego de la última Champions subrayó en facebook que ahora vá por lo que le falta: la Copa América con la celeste y blanca.

A punto de cumplir los 24 años, una persona ¿puede estar preparada psicológicamente para soportar el “veneno” del éxito? No es nada fácil. La clave es su entorno. He tenido oportunidad de conocer a su padre y a su madre en el 2004, cuando conocí a Lio en las Selecciones Juveniles Argentinas donde yo trabajaba junto a José Pekerman. Y basta ver a los padres y sus valores, para suponer la proyección del hijo. Los padres y los hermanos siempre cuidaron de él. Esto es de público conocimiento. Esa es la clave.

Sumado a un muchacho a quien no veo desde el 2006, pero lo recuerdo tranquilo, buena gente, alegre, humilde, trabajador, perfeccionista. Todo eso colabora. Él se dedica a jugar y no piensa en nada más.

Sabe que tiene las espaldas bien cubiertas.

Sabe que sus seres amados cuidan “el negocio” , lo que él produce como objeto, como mercancía preciada, como juguete mientras el es jugador, sujeto que toma decisiones dentro de la cancha, donde sabe que puede demostrar, aun con millones de televidentes mirándolo, que es el mejor con los pies. Y que busca la gloria que es duradera y no se conforma con lo efímero de la fama.

Él es demasiado perfil bajo para ser una super estrella. Rafael Nadal una vez le dijo que no parece argentino y es verdad. No polemiza, él habla con la pelota, y hoy la marca Tevez o la marca Maradona venden más que la de él. Y como dice el experto en Marketing Alberto Levy “la fuerza de la marca sustenta la fuerza de la Mística, que

a su vez sustenta la fuerza de la mente, que sustenta la fuerza de la marca”. Lio tiene fortaleza mental (como si su problema de crecimiento superado lo hubiese fortalecido frente a las adversidades), talento, y mística. Y ganando cuatro millones de euros por mes, sigue siendo feliz dentro de la cancha, desafío nada menor. Aunque en la Argentina hoy sigamos esperando que disfrute con la celeste y blanca como disfruta con la blaugrana. Porque estamos ansiosos por obtener resultados esquivos. Y sin darnos cuenta, le hacemos daño. Y encima nos perdemos de disfrutarlo.

17/09/2011 16:12 ucha #. sin tema

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gravatar.comAutor: Mercy García

"El costo de ser el mejor" contempla las verdades de la vida, las exageraciones, la lealtad y la deslealtad, pero destaco la humildad de Messi, declarado el mejor jugador del mundo.

Fecha: 06/10/2011 00:05.


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