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EL crimen de Barbado y Posada Carriles

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En el mes de junio del año 1976 se realizó un periodo de entrenamiento a algunas selecciones deportivas cubanas en la Ciudad de México, como parte de la preparación para la Olimpiada de Montreal 1976.

Con el propósito de controlar la respuesta subjetiva de los deportistas a las cargas de entrenamiento en condiciones de altitud, se ejecutaron diferentes pruebas experimentales de tiempo de reacción, coordinación y otras variables.

Como miembro del grupo de psicólogos que participó en el proceso de preparación deportiva, realicé algunas de las pruebas a los deportistas.

Fue una mañana que me correspondió hacer el examen a Nancy Uranga, junto a otras esgrimistas.

Fruto de las actividades que se realizaban algunas deportistas mostraban los efectos psicofisiológicos de la adaptación a la hipoxia causada por el cambio climático derivado de la menor presión parcial de oxigeno.

Recuerdo que con el deseo de apoyar aun más su elevada disposición a cumplir con sus tareas, le dije a Nancy: “Te esperan momentos muy agradables en tu vida deportiva.”

Paso el tiempo y el 6 de octubre de 1976, llego la noticia del criminal atentado. Afligidos, con dolor en el alma, esperábamos saber quienes estaban en el vuelo.

Cuando entré, el día 7 de octubre de 1976 al Instituto Nacional de Deporte Educación Física y Recreación INDER, de Cuba, allí reconocí en las fotos de las victimas de aquel vil asesinato, el rostro de Nancy Uranga.

En medio de la tristeza del momento, recordé como un golpe en mi frente, aquella frase salida de mis labios: “Te esperan momentos muy agradables en tu vida deportiva”.

La alegría de los éxitos, la sonrisa de quienes la admiraban, la satisfacción de las metas cumplidas, la posibilidad de convertir los sueños más preciados en realidad. El gesto grácil de los movimientos en la competencia, el juego experto de la muñeca, de los brazos, de los pies, de las caderas, su distinción y todo lo que ella fue, era y seria. Todo quedo interrumpido.

Me refiero a Nancy Uranga, por lo ocurrido puntualmente y junto a ese recuerdo, la presencia de todos los que ofrendaron su vida ese día.

Por ello, el silencio se apodera de mí, absorto, imagino las explosiones, la nave desvencijada, herida en su estructura, el golpe súbito en el mar, los cuerpos inhalados por la oscuridad de las aguas y la inmovilidad eterna en la que se encuentran.

Cuba, lloró, los amigos, los compañeros, los familiares sufren y aun ahora cuando todo viene hacia mi, permanezco con respeto enternecido, mezclando y entrelazando las palabras de aquella frase: “Te esperan momentos muy agradables en tu vida deportiva”.

José Martí propaló en su texto: “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”.

El monstruo y la entrañas liberaron a Posada Carriles. Tiene todos sus días libres.

Hasta los medios para seguir amenazando y mintiendo.

Hay un lugar en la tierra donde no se paga el crimen cometido por Posada Carriles  Donde se justifica la vileza, el terror, haber arrasado con el rosal de sus anhelos y segado los momentos muy agradables de la vida deportiva de Nancy y de los integrantes de nuestro equipo de Esgrima y sus acompañantes.

¿Cómo es posible tal villanía?

 

García Ucha

14/04/2011 22:58 ucha #. sin tema

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